Nada semeja con mayor eficacia el ejercicio del poder que la imagen de un vampiro satisfecho. En la escala social todo el que pueda someter a otro lo hará,aún cuando los fines sean absurdos en su conformación,sólo debe su existencia a complejos fenómenos de personalidad y en menor frecuencia a fines altruistas o generosos. He querido publicar,ilustrando en cierta medida la esencia del poder,un poema que escribí en la década del ochenta,a propósito de enfrentamientos circunstanciales que tuve con algunas esferas del poder;en las cuales me sentí tragado por un vampiro gigante que decía amarme y representar mis intereses,cuando en realidad me absorbía y limitaba mi individualidad.Sometido al muro que impone el coro de los farsantes,salieron estos versos que mantuve inéditos hasta ahora. CORO DEL PODEROSO El poderoso arma su coro/aún sin orquesta/aún sin las genuinas tempestades del verbo. El poderoso arma su coro/ahí están las figuras que asumirán su eco/que prolongarán al infinito/los desaciertos y las vacuidades/colgadas como sombreros de mármol/que el poderoso regala a sus coristas. En el centro del coro/el poderoso inicia la concertada pieza/ágil mirada hueca resonancia en sí mismo/saca de sus sombreros unos cuantos murmullos/y es oleada creciendo /fuerza que teme al viento y lo azuza/que teme a la luz y la cerca/a la luz/metida en su cuerpo minúsculo pero inmensa/como acordeón que crece/lluvia que vendrá.
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